Siete

Sigo observando mi trocito de cielo, ese que se queda reflejado en la pantalla de mi teléfono, una pequeña bóveda celeste atrapada en siete pulgadas donde todo pasa muy deprisa. Las nubes se acercan por un costado y en un pequeño espacio de tiempo, desaparecen por el otro lado sin que me de tiempo a ensimismare, no tengo tiempo para pensamientos perdidos. Por un segundo me doy cuenta que toda mi vida esta ligada a este artilugio, dependo de él y él depende de mí.

Una llamada interrumpe a la bandada de estorninos que entraron por la esquina: “Hola cielo, ¿que tal tu día?”

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