Martina

Todos se empeñaban en esconderle la realidad, disfrazar su pobreza como una suerte, una manera distinta de ser feliz. La realidad, es que a ella le daba igual no tener regalos, no comprar suculentos alimentos para una noche donde todos comían y bebieran hasta reventar, para luego poder quejarse de lo duras que eran las fiestas.

Sin embargo, para Martina estas fiestas eran días de igualdad, una época donde todos y todas compartían sus bienes, como ella hacía todos los días, con los que todo necesitan, como ella. Era el momento donde la solidaridad los hacía por unos días, personas.

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