Viento

La coge con sus propias manos y la parte en dos, continua hasta tener cuatro. Sigue con la misma operación y ya tiene entre sus manos ocho trozos, siempre lo divide por la mitad. Observa y tras un pequeño análisis de la situación, sigue dividiendo cada una de las partes. Ya son dieciséis los trozos de papel perfectamente cortados. Quizá ya era suficiente. Pero él nunca ha sido de pararse sin al menos intentar llegar al máximo de las posibilidades. Lo consigue. Aunque no sin dificultad, ahora treinta y dos pedacitos de papel cubren toda la mesa hasta que, desde el otro lado de la sala, alguien abre una ventana.

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