Música

Ni aceptado, ni adaptado, soy invisible por voluntad propia. Por fin he entendido que sólo quiero ser una pieza más del engranaje, un elemento necesario pero insignificante, algo prescindible pero vital para que todo funcione. Ni en el colegio, ni en el conservatorio tuve buenas notas, pero hoy nada importa.

Nadie aceptará mi cresta, ni yo me acostumbrare a este frac, pero un año más aquí estoy  sentado en la quinta fila, sexta silla por la derecha de la Sala Dorada de la Musikverein dispuesto a tocar mi Stradivarius un año más. Se hace un silencio. Cierro los ojos, y comienza la música.

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