Amanda

“Pa-Pa”, aquellas letras resaltaban en toda la calle, un nombre muy común pero extraño para un restaurante, sin embargo, era lo que ella quería. Nunca conoció a su madre, falleció al mismo tiempo que ella nacía, un signo inequívoco de lo que sería su vida y su cocina: amarga como la vida, dulce como el amor.

Era su día, terminó los últimos detalles, recogió los papeles del suelo y abrió las puertas por primera vez. La gente entró despavorida y ansiosa por probarlo todo. Todos menos él.

Frente a ellla, sujetando su paraguas, le mandó un beso y se marchó.

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