Profundizar

No pudo seguir adelante sin ella, por eso decidió caminar hacía atrás. El comienzo fue difícil, primero tropezó con el bordillo, luego con una papelera, después su cabeza choco contra la farola. Traspiés tras traspiés hasta que cayó de espaldas enredado en la correa de un pekinés, que paseaba a su anciana dueña.

Abatido en el suelo, comenzó a llorar desmoralizado, no tanto por el dolor físico, sino por impotencia. Se dio cuenta que no podía avanzar, ni tampoco retroceder. Puso la manos sobre el suelo y notó la tierra húmeda, escarbó y escarbó hasta que desapareció en lo más profundo del planeta

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