Alzheimer

Bucear en el lago que había al lado de la casa, saltar por encima de la valla, correr entre los árboles de la alameda, sentir el viento de la libertad. Todo aquello era lo que añoraba.

Después de tanto años, donde el día a día era solo sobrevivir, el recuerdo intacto de su niñez le hacía olvidar el avance imparable de la enfermedad del olvido. Todos, con un mirada triste y melancólica, la observaban sentada frente a la ventana, mientras una sonrisa adornaba su cara surcada por el tiempo.

Un día, una niña entró a la habitación, la miró, le cogió la mano, y juntas rieron ante la sorpresa de todos.

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