Lepidóptero

Pestañeó dos veces para decir que sí, mientras, todos impasibles anotaban en las tabletas digitales lo acontecido al tiempo que comentaban, con una voz susurrante y en un lenguaje científico casi indescifrable, cada uno de los movimientos observados. Al otro lado de aquella sala, de color blanco nuclear y luz radiante, yo observaba atónito la escena, no podía entender que nadie se asombrará de lo que acababan de ver, seguramente, el rigor científico exigía prudencia sentimental y firmeza académica. En ese momento me dí cuenta que los humanos no estaban preparados para ver a una mosca hablar, así que me marché sin tan siquiera decirles: “nos vemos”

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