Barrabás

Hacía casi dos milenios que lo habían crucificado y sin embargo todo el mundo seguía contando aquella historia como si hubiera estado presente. Yo no podía entender como recordaban, aún hoy, hasta el olor a muerte que se respiraba aquél día en el que nos convirtieron en importantes.

Cada mañana, los turistas se acercan siguiendo la estela de un joven, que blandiendo un paraguas, les cuenta la hechos acontecidos mientras los flashes de sus móviles no paran de dispararse para inmortalizarnos.

He de deciros que llevo aquí en mi cruz atado ya más de dos mil años y aún me sorprende la ingenuidad de la gente.

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