Lehman

Nos enviaban de una patada a las duras calles, a ninguno de ellos le importó que la gente se agolpara a las puertas de las empresas buscando contra quien cargar su ira. Nosotros, con nuestras cajas de cartón repletas de fotos, recuerdos y sinsabores, íbamos a ser los peones sacrificados. Mientras, ellos, en sus despachos de la 5th Avenida, seguirían encendiendo puros con billetes de millón.

Fuera, la jauría exigía sangre, pedía responsables. La guerra contra todos aquellos que se habían dedicado a robar los sueños de la gente había comenzado, querían venganza y se la iban a cobrar. Nosotros seríamos los primeros, pero no los últimos.

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