Generación

Sin esperarlo, un día normal y corriente, el abogado de la empresa le presentó su despido, en ese momento pensó, que ya nada valía la pena. Toda una vida de dedicación, esfuerzo y trabajo se rompió con una carta tan fría, como esa crema que le encantaba tomar en Chez Louis y que nunca llego a aprenderse el nombre.

No entendía, ni aceptaba que lo despidieran. Era cierto que a sus 64 años todo había cambiado, pero su entusiasmo seguía siendo infinito, amaba esa empresa que tanto le costó fundar. 

Hoy sus nietos, jóvenes y muy preparados en finanzas, acababan de sentenciar a su abuelo, al fundador. La renovación generacional no sólo se llevó por delante, el alma y el espíritu de aquella joven empresa de tan sólo cuarenta años, sino además la vida de Don Manuel.

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