Liberar

Si dijera que sentí dolor mentiría, igual que te mentí el primer día que te conocí. Todavía me arrepiento. Nunca debí asumir que tú cambiarías, que tus comentarios soeces eran muestras de un cariño que nunca fue mío, sólo tuyo hacía ti mismo, tú para ti.

Ahora ya no siento dolor. Aunque tu mano, una vez más haya vuelto a marcar tu amor irrefrenable en mi blanca piel, no siento nada, nada. Me siento tan vacía, tan destrozada, tan cabreada conmigo, que nadie puede volver a hacerme daño, ni tan siquiera esta daga que empuñada ahora atraviesa mi pecho para liberar mi corazón.

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