Silencio

Tampoco hoy encontré trabajo, todo aquello que podría hacer ya estaba hecho. Mis hijas habían levantado a las niñas y estaban ya perfectas para afrontar el viaje de regreso a su casa. Mi hijo, atento siempre a todos lo detalles, había madrugado para recoger los últimos rescoldos que quedaban en la chimenea y limpiar hasta el último de los restos de la octogésima fiesta de cumpleaños de su padre. Desde que ella se fue todos se deshacían en atenciones hacia mí, no se daban cuenta que con la muerte de mi mujer, se fue mi vida. En el silencio todo el tiempo sobra.

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