Abuelo

No hay palabras suficientes para describir cuánto te quiero. No hay palabras suficientes para agradecer todo aquello que has hecho. No hay palabras suficientes para describirte. Solo erais tú y tus gafas cuadradas, nada más. Todo tú ser era bondad pura, eras una bola de sol. A ti te pasó demasiado, todo lo que no debería de haberte pasado, te pasó, y eso, te llevó a la tumba.

Te casaste con una mujer hermosa y brillante como ella misma, tuvisteis tres hijos igual de hermosos. Fuiste abuelo, cuatro veces que tú sepas y una que no pudiste ver. Papá y mamá se separaron. Papá tiene un trabajo lejos, en Madrid. Carol y Luca tuvieron un bebé, Andrea, te hubiera encantado. Cari… ella se casó otra vez y se mudó. La yaya sigue tan pura y serena como siempre, con sus pinturas y sus ropas arregladas, su pelo rubio y sus sortijas. Aún seguimos recordándote y te tenemos en el campo en un altar pequeñito.

Cuando la gente habla de ti todos dicen lo mismo, por que sí, en nosotros todavía sigues vivo. Todos dicen que eras lo mejor, eras un rayo de luz, y joder, pues eso, que te extrañamos. Ya no vamos mucho al Baptiste, y aunque hemos vuelto a ir para recordarte, se hace duro tu recuerdo y ausencia

Las cosas desde que te fuiste han cambiado. A veces pienso que si estuvieras aquí te hubieras decepcionado de nosotros. Estás allí arriba con nuestro otro Fede, disfrutad lo que nadie pudimos disfrutar de él.

A veces, te sigo llorando, todavía me pregunto porque a ti, porque te separaron de todos en el 2009 y tan joven, no entra en mi cabeza. A veces el mundo es un asco, se llevan a las mejores personas. Y si joder, no me avergüenzo de decir que siempre he estado orgullosa de ti y siempre te he querido y siempre te querré. Siempre llevaré ese pedacito de ti en mi corazón.

Recuerdo cuando Anna y Pascual me hacían algo y yo iba a ti, salías al porche y con tu altura, tu tipo y tu imponente voz, les decías: “que li heu fet a la chiqueta? Sou uns cabuts”. También recuerdo como cortabas jamón, siempre comprabas el mejor, ya no me gusta otro, creo que gracias a ti no me gusta el jamón de mala marca. Recuerdo, cuando te hablábamos, siempre debía ser en valenciano, si queríamos una zanahoria y te lo pedíamos en castellano, nos ignorabas hasta que te decíamos “volem safanòria”. Como añoro aquellas tarde en el campo cuando te encargabas de nosotras para que no nos faltara de nada.

Wow…el pulso me tiembla al recordarte. Sinceramente no te he superado. Ahora pienso que en algunos momentos te decepcioné, que no fui suficientemente buena para ti. A veces salgo a la ventana y miro al cielo, siento que me observas y te pido perdón, te pido perdón por ser como soy, te pido perdón por mis gilipolleces.

Bueno, al fin solté algo que llevo tanto tiempo dentro y no me atreví a decir a nadie. Abuelo, te adoro más que a nada y a nadie en este planeta.

(Relato escrito por Alba Buyolo Valdivia)

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