Inapreciado

Las puertas sonaba a mi espalda con un ruido desvencijado por la historía, eran protagonistas silenciosas del paso del tiempo. Aquellas viejas bisagras de latón, habían repetido el mismo movimiento, millones de veces, sin entender que gracias a ellas se abría el mundo al mundo. 

Fuera, el ruido colonizaba la vida, dentro, el silencio invadía la paz interior de todo aquel que encerrado en un libro, vivía una nueva aventura página a página. 

Sentado en mi silla, dando ticket tras ticket, tan sólo puedo ver como el tiempo devora mi vida, mientras las puertas se abren una vez tras otra. 

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