Palabra por palabra

Podría recorrer mi pasado, palabra por palabra. Pensar mi futuro nombrando cada una de las cosas que he de vivir, inventando nuevas palabras. Pero si pienso en el presente, en este momento que transita entre los que fui y lo que quiero ser, las palabras se convierten en materia, en forma y manera, en ser y estar, en ti y en todo lo que me rodea.

He robado palabras, las he aprendido, las he sentido, soñado y porque no decirlo, las he amado. Sabes bien que me cuesta, bueno, me es imposible, poder categorizar nada, ni tan siquiera los buenos y los malos recuerdos, todo depende del día, del momento, de que pensé o de que quiero seguir viviendo, sin embargo, en este, que no es el mismo que ayer y que posiblemente será completamente distinto a los que pensaré mañana, ahora, se me ocurre que, como dice Marwan, puedo resumir mi vida palabra por palabra.

La primera que se me ocurre eres tu porque te tengo a mi lado, porque eres mi mejor yo sin tener que ser egoísta, mi mejor versión, aquella que me gustaría ser, y aquella que deteste haber sido. Ser persona, en todos sus sentidos, porque tu sonrisa es aquello que hace que todo sea relativo, todo sea bello, nada sea más importante que saber que la vida es algo más que una carrera de obstáculos que merezca la pena vivir, si tu estas ahí.

Paideia y ágora definen mi ser más profundo, el entender mi vida, social y personal, saber que solo desde la educación y solo, desde el diálogo, somos capaces de ser personas, de dar el mayor sentido a aquello que nos define, humanismo. Sí, eso, humanismo, no hay palabra que encierre más solidaridad y más ética que humanismo. Qué bonita palabra, la repito de manera lenta, sintiendo cada una de las sílabas, mientras pienso todas y cada una de las cosas que eso significa. Una palabra que difícilmente puede ser contaminada con un adjetivo, su fuerza es tan grande que no puede ser mal utilizada.

Adela Cortina me enseñó la palabra Aporofobia, me contaba como la inventó, porque las palabras se pueden además inventar, es imprescindible crearlas para poder dar luz a aquello que no sabes cómo definir. Adela tardó 25 años para que todos nos diéramos cuenta que existía ya una palabra para aquello que no entendíamos, o peor aún, que no veíamos. Recuerdo que hice un microrelato para poner una imagen a esa palabra. A Adela le encantó.

He tenido esa suerte. Soy afortunado de haberme cruzado en mi vida de grandes personas, las que salen en los medios y aquellas que cada día se levantan, con la misma fuerza y determinación que da una vida de liderazgo emocional. Mi padre, que si saber escribir y leyendo con dificultad, se levantaba todos los días a las 6,30 para abrir su empresa y luchar mientras vivía su propio sueño. Mi madre, que, tras la muerte de mi padre, siguió y sigue luchando, después de vivir el primer día de su nueva vida vestida de blanco despidiendo a su mejor amigo. Determinación, para saber que, aunque no sabes lo que hay que hay que hacer en cada momento, lo hacemos.

La vida, dicen muchos, que es aquello que pasa mientras tu sueñas, no lo sé. Soñar dice sabina que es bailar con los pies, o al revés, pero me entenderán que no podía escribir este relato sin poner una palabra de Joaquín. Palabras de unidas hacen frases, sentencias que me han hecho llorar, reír, enamorarme, detestar, volver a oír, volver a odiar, volver a oír otra vez, seguramente mi vida sería otra cosa si no hubiera escuchado “Calle melancolía”.

Ahora, otra vez Sabina, es esa palabra que me ayuda a saber que toca en cada momento, a ser pragmático sin olvidar que mis pies van dos dedos por encima del suelo y mi cabeza sobrevolando todos y cada uno de los momentos y detalles, que han pasado por mi vida. Ahora, no siempre es aquí, casi nunca lo es, pero si es ese momento en el que construiremos el siguiente, el siguiente y todos aquellos que harán que vuelva ser ahora.

Como te decía nunca he sido de generar taxonomías, es decir, la “ciencia que trata de los principios, métodos y fines de la clasificación”, que quiere decir, la “acción y efecto de clasificar”, que en definitiva significa: ordenar o disponer por clases algo. Ahora, estas son mis palabras, pero ya sabes que soy muy de Marx, Groucho por si había duda, y si no te gustan estas palabras tengo otras, de hecho, tengo 233 palabras más para poder terminar este relato y que llegue a las 1000 palabras escritas para infinitos significados y significantes que definan mi vida.

Hay tres palabras que son una, tan distintas e iguales que, aunque no os lo creáis significan los mismo. Tres palabras que empiezan por “a” y terminan por “a”. Las palabras al fin y al cabo representan nuestra vida, lo que vivimos y sentimos. Palabras que nos enseñan a entender aquello que vemos o aquello que pasa a nuestro alrededor, o simplemente dan sentido a lo que la mayoría de veces no tiene sentido.

Mi última palabra es triple, son distintas, pero significan emocionalmente lo mismo. Aunque legalmente no sean iguales. Para mí son mis hijas y mi hijo, Anna, Alba, Andrea. Los tres empiezan y terminan igual, los tres son el 60% de mis hijos. Pascual es la cuarta pata de una mesa que sustenta mis sentimientos paternales, el armazón que responsabiliza mi presente y su futuro.

Palabra por palabra he escrito un decálogo que solo significa mi momento de hoy y ahora. Palabras que representan mi vida, mi ilusión y mi esperanza. Sin embargo, no están todas, aunque la mayoría de ellas estará toda la vida. No tengo todas las palabras, ni todo lo que con ello quiero nombrar. ¿Qué palabra define la pérdida de mi hijo?

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