Sobrevivir a la vida

El día despierta. Las sirenas no han dejado de sonar durante toda la noche. No se han oído las bombas, pero el cuerpo siente la tensión del miedo y el estupor, una espera que acaba con la ilusión de vivir. Sobrevivir. Aferrarse a lo que tienes y no puedes perder.

Aisha se ha levantado como todas las mañanas remoloneando, son solo las seis de la mañana. Ir a la escuela es lo único que da normalidad a una casi vida atrapada entre muros. Cada mañana, antes de salir camino a la escuela mete en su mochila todos sus juguetes, echa un vistazo a su casa y cierra los ojos para mantener viva en su memoria su vida allí.

En el colegio todos comparte lo único que tiene. La ilusión de la inocencia. Aisha juega, ríe, canta, aprende, siente el calor del otro, del que sufre igual que ella. De pronto, un sonido interrumpe la tranquilidad de la vida en Ramallah. Una bomba ha vuelto a estallar contra una de las casas.

Todos se miran, se buscan. Aisha coge la bolsa con sus juguetes, cierra los ojos, recuperar la última foto y respiran profundamente. Mañana uno de ellos no volverá.

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