Fauna

Hablando todo el día con el loro del vecino; escuchando a la cacatúa de la telefonista de mi oficina; sintiendo como la jauría de hienas de mis compañeros esperan mi error para devorarme y ocupar mi sitio, empiezo a pensar que me estoy convirtiendo en una mala víbora. No los soporto, te juro que…

Bueno, quiero pensar que no son mala gente, que, en el fondo lo que ocurre, es que tienen vidas de mierda que necesitan llenar vaciando la mía.

Un día de estos, batiré mis alas y volaré dejando a toda esa fauna llorando mi ausencia, entonces, como depredadores de almas que son, encontrarán pronto otra víctima.

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